El paso azul cierra el 2009 con la restauración del triunfo del cristianismo

La imagen titular del Paso Azul puso el broche de oro a un solemne cortejo
bíblico religioso en el que la Hermandad de Labradores estrenó la restaurada
carroza del Triunfo del Cristianismo
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Desde una esquina del corazón las emociones se atropellan. La
algarabía en el epicentro de los sentimientos impide la concentración. Las
palabras se agolpan, las estrofas titubean. El silencio ayuda a poner orden. La
garganta no quiere protagonismo, hoy da igual como suene. ¡Ahora cuando salga,
cuando el trono haya rebasado el ábside de la puerta de San Francisco! ¡Ahora es
el momento! No importa que la salida se haya hecho esperar como consecuencia del
mal tiempo y la amenaza de lluvia. Que aguarden su turno los vítores. Es tiempo
de honrarla con su himno, no vale cualquier cántico. Eso es, el himno a la
Dolorosa: «Nuestro pecho siempre anhelante, siente al verte dulce emoción. Con
tu ayuda tierna y constante lograremos la redención. A tus plantas siempre
postrados estaremos para rezar, hasta hacer que nuestros pecados sean dignos de
perdonar».

El estruendo y el agitar de pañuelos se suceden y en la mente de
algunos de los allí presentes pide su espacio la última estrofa de la plegaria:
«Virgen Santa de los Dolores te pedimos con devoción, que olvidando nuestros
errores, nos concedas tu protección. Danos siempre, tu bendición». De nuevo está
en la calle. Es de noche en Nogalte y la Dolorosa inicia el recorrido para
incorporarse a procesión ya que las caprichosas nubes han impedido que lo
hiciera horas antes en la tradicional procesión azul que cada tarde de Viernes
Santo acompaña a la Madre Dolorosa hasta Floridablanca, su primer paso por
carrera. A hombros, sale el trono de andas que portan hombres y mujeres
ataviados con túnicas y alma azul, está en carrera, otra vez.

Un trono que se estrenó el Viernes de Dolores de 2007 y que es obra
del orfebre sevillano Juan Borrero. Realizado con más de 250 kilos de plata, la
canastilla calada cuenta con doce medallones alegóricos a la vida de la Virgen.
El conjunto lo completan el palio y el espectacular manto obra de Francisco
Cayuela en cuyo motivo central aparece la Santa Faz en artístico medallón orlado
con los atributos de la Pasión.

Etíopes

Los mayordomos de la cofradía, la bandera oficial, los nazarenos de
los Siete Dolores y la Caballería de la Redención marcan un cierre triunfal para
los azules. Un cierre que antes tuvo que empezar. Lo hizo con el estandarte
guión y los exploradores que mandó Moisés a la Tierra de Promisión. El primer
grupo a caballo de la comitiva al que le siguen la bandera, la biga de Antíoco
IV, Débora profetisa del pueblo de Israel, Ptolomeo IV, también sobre biga, y el
espectacular y legendario grupo de los Etíopes. Sin montura, levantaron el palco
con su sinfín de piruetas, con un sinfín de movimientos imposibles de creer. Dos
formas de arte: la del jinete, y la de las capetas que portan.

Y tras los Etíopes, el grupo del Faraón con Moisés y su madre
adoptiva, Meiamén. Moisés porta un gran manto en las tonalidades de los azules
en el que se representan las Tablas de la Ley y el propio Moisés de niño cuando
fue recogido en el Nilo. Marco Antonio precede a la faraona egipcia Cleopatra
que procesiona sobre una lujosa litera estrenada en la procesión del Viernes
Santo del pasado año. Tras ella, Julio César, el gran creador de la Roma
imperial. Roma entra en la procesión azul. La carroza de Nerón enfrenta a
blancos y azules a su paso. El emperador se come el pavo ante las muestras de
satisfacción de unos y las de envidia de los de enfrente.

El espectáculo continuó con las cuádrigas de los emperadores de la
dinastía de los Flavios. Al galope y con más de medio siglo de historia, son
vitoreadas por los azules. Le siguen la caballería romana y el emperador Tiberio
César sobre una monumental siga alegoría del águila imperial. Es el final del
imperio romano. La llegada de la civilización cristiana que el Paso Azul
representa a través de la caballería del Triunfo. Y tras la caballería, la
carroza del Triunfo del Cristianismo que ha sido restaurada y a la que se han
incorporado nuevos elementos como una cúpula más elevada, o dos esculturas de
mujer sujetando las escaleras sobre las que se aposenta el ángel que representa
la victoria sobre el demonio. En la parte trasera, bajo las pinturas que
recuerdan a las de la Capilla Sixtina, el manto de la Resurrección. Cristo
resucitado triunfa sobre el paganismo y la idolatría.

El cortejo de la redención azul comienza con el estandarte del
medallón al que le siguen los nazarenos de la Santa Cruz y el estandarte del
Cristo de la Buena Muerte que anuncia la proximidad del trono del Cristo de la
Buena Muerte, del elegante Santo Entierro. El trono realizado por Manuel Guzmán
es portado por portapasos ataviados con túnicas negras.

Solemnidad en el cortejo religioso azul. Solemindad de principio a
fin. Se acerca. Los vítores cercanos lo anuncian. La Madre Dolorosa, la Madre
azul. Cada vez más cerca, y de nuevo, como al principio, vuelve a sonar, fuera y
dentro del alma: «Virgen Nuestra de los Dolores, te pedimos con devoción que
olvidando…».

Fuente: La Verdad

Foto: Carroza del Triunfo del Cristianismo tras la restauración. / SONIA M. LARIO /
AGM