El Pueblo Hebreo del Paso Blanco

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Pocos días antes de su sufrimiento en la cruz, lo que se conoce como ‘La Pasión’, Jesús entró en la ciudad de Jerusalén en medio de las alabanzas y de la popularidad de la gente. Su entrada a Jerusalén no fue por casualidad, ni por capricho de Jesús, sino que lo hizo para cumplir la voluntad perfecta de Dios. La entrada de Jesús montado en un asno había sido profetizada en las Escrituras. 500 años antes de que él naciera, el profeta Zacarías escribió: «He aquí tu rey vendrá a tí, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna».
Anoche el Paso Blanco representó la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Miles de personas recrearon este pasaje de la Historia Sagrada en la procesión de Domingo de Ramos, la más multitudinaria de cuantas se celebran en la Semana Santa Lorquina. Si echamos la vista atrás para ver el inicio de este grupo llegaríamos hasta abril de 1855. Una fecha importantísima para el Paso Blanco, ya que fue la primera vez que procesionó este grupo bíblico. Entonces, lo componían una treintena de personas. Ahora, son miles las que acompañan a Jesús con palmas y ramas de olivo. Y detrás de los hebreos procesionó el trono de San Juan Evangelista, Patrón del Paso Blanco. La imagen del escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci fue llevada a hombros por 90 portapasos con gran maestría. El trono lucía profusamente adornado con flores de palma que han realizado en los últimos días más de medio centenar de personas. Los portapasos llevaban túnica hebrea.
La imagen de San Juan luce túnica verde y mantolín rojo, colorido que en la iconografía sagrada alude a la regeneración del alma a través de las buenas obras y al sacrificio, respectivamente. El rostro del discípulo amado muestra una expresión serena e idealista, tan del gusto de este escultor.
Delante del trono iba el estandarte de San Juan, que representa la iconografía de San Lucas 23, 44-45 en tres planos diferenciados. En el primero, aparece San Juan y María; en el segundo, la Cruz; y en el tercero, el cielo oscurecido. El bordado de la seda fue dirigido por el pintor lorquino Manuel Muñoz Barberán en 1974, y el del oro, estuvo bajo la dirección de Gaspar López, en 2000.
Precediendo al estandarte, una de las banderas del Paso Blanco, y los jinetes del Apocalipsis, La Muerte, El Hambre, La Guerra y La Peste. Y el Anticristo. La carroza volvió a formar parte del cortejo de la cofradía el pasado año, después de varios sin procesionar. En el desfile blanco también tomaron parte la Infantería Romana y el grupo de Santa Elena con Constancio Cloro y Fausta, que precedían a la quintiga de Octavio y la cuádriga de Constantino. Detrás, la Infantería Judía, la caballería de las tribus y el grupo de Salomón.
Faraones
Mucho antes, procesionó el Paso Azul, que puso en escena el grupo del Faraón, con un cortejo alusivo a la civilización de los faraones. Los exploradores que Moisés mandó a la Tierra de Promisión abrieron el desfile en el que no faltó Débora, la profetisa del Pueblo de Israel, con un magnífico manto bordado en sedas y oro de color verde agua en el que aparece su efigie.
Tras ella, Antíoco IV Epífanes y los etíopes, uno de los grupos más espectaculares de los Desfiles Bíblico Pasionales. Levantaron al público con sus acrobacias que sorprendieron un año más a todos. Detrás, Moisés, que luce un espectacular manto con abundante presencia de tonalidades azules que representa distintos pasajes de la vida del hijo adoptivo de Meiamén. Le seguían las profetisas egipcias.
Y a continuación el grupo del faraón. Timbales y trompetas daban paso a las esclavas egipcias, un grupo que comenzó a procesionar hace diez años. Para conmemorar la efemérides anoche volvieron a desfilar todas las que lo hicieron en aquella ocasión. Detrás, la Barca Sagrada de Ramsés II que portaban un grupo de esclavos a hombros.
Y a lo lejos, se podía oír a los maromeros de la carroza de la princesa Meiamén, inspirada en los pilones del templo de Dakkech en Nubia y arrastrada por un nutrido grupo de esclavos egipcios. Le seguían la caballería egipcia y el grupo del Triunfo de José que anoche puso en escena siete bigas. Cerraba el cortejo la infantería y banda egipcia, los nazarenos de la Virgen y el estandarte de San Juan.
El cortejo de la procesión de Domingo de Ramos también contó con una amplia representación del Paso Morado y el Paso Encarnado. Portaron sus estandartes más representativos. La comitiva la cerró la titular de la Hermandad de la Curia, Paso Negro, la Santísima Virgen de la Soledad.
La imagen de José Sánchez Lozano de 1950 fue portada en su trono que anoche mostraba nueva imagen tras la restauración a que ha sido sometido en los últimos meses por parte de los hermanos José y Antonio Serch. Estos fueron los que también transformaron el trono que procesionaba anteriormente con la Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre, Paso Encarnado.
La Virgen de la Soledad llevaba un manto negro bordado en sedas y oro con motivos de la Capilla Sixtina. La pieza está considerada entre los mejores bordados y fue dirigida por el pintor lorquino Joaquín Ruiz Guzmán. Destacan de él los medallones que orlan el motivo central de la Piedad.
Un tercio de nazarenos acompañaban a la imagen que la noche anterior portaron por las calles de la vieja ciudad amurallada, abogados, procuradores y funcionarios de la Administración de Justicia. Las capas de los nazarenos son negras y asemejan a un toga, utilizada en los Tribunales de Justicia por los profesionales del Derecho.
Formaba parte también del cortejo la bandera de la cofradía bordada en oro y sedas y con motivos alusivos a la Capilla Sixtina. La pieza es de corte renacentista y su bordado tardó dos años en realizarse a manos de Soledad Trapero y Lorenza Navarro, que fueron dirigidas por el pintor lorquino José López Gimeno. También se pudo contemplar el estandarte de la Virgen de la Soledad, que data de los años 50. Es obra de Emiliano Rojo y supuso una innovación cuando se produjo su estreno por el calado en oro.

Fuente: La Verdad