«Creo en ti. Eres. Me basta». Lo dijo el gran Ángel González en verso
aplicado a un amor, pero también valdría expresarlo en prosa, llorando,
sonriendo, sufriendo, viviendo, soñando, esperando, amando, gritando o
callando, aplicado a un momento. A un segundo o algo menos. A ese
período de tiempo que se eterniza. A esa imagen que se perpetúa en la
retina, la del paso de la Virgen de los Dolores, imagen titular de la
Hermandad de Labradores (Paso Azul), por la carrera principal abriendo,
un año más, la Semana Santa de Lorca, ese bendito milagro que seis
cofradías y miles de lorquinos hacen posible cada primavera.
De nuevo la ilusión cobra forma humana y las almas no pueden evitar
el desnudo al que le someten las lágrimas, los vítores. Las corazas
sociales no tienen sentido porque la algarabía que recorre el cuerpo de
cada azul el Viernes de Dolores es superior en la lucha a cualquier
intento de contención. Si el grito pide hueco, lo tendrá, y no habrá
garganta que se resista a repetir aquello de ¡Viva la Virgen de los
Dolores! Todo es comprobable, y ayer lo pudieron hacer los lorquinos que
aguardaban a media tarde la salida de la Dolorosa de su templo, de San
Francisco, para incorporarse a la procesión.
La precedían cientos de mujeres ataviadas con la clásica mantilla
española en señal de duelo por el dolor de la Madre ante la crucifixión
del hijo, de Jesús. Ya en carrera, no cabe el silencio en los palcos, ni
el peso en los hombros de los orgullosos portapasos que llevaban a la
Dolorica, que la acercaban al cielo. La imagen estuvo presente desde el
inicio del cortejo azul con el estandarte guión, realizado por Emiliano
Rojo en el año 1945. Tras el paño en oro y sedas la Infantería Romana,
las banderas y los estandartes del Medallón y Ángel Velado, obra de
Francisco Cayuela.
El Escuadrón de la Guardia Civil de Valdemoro daba escolta a la
imagen titular del Paso Azul, seguido de la bandera oficial y los
nazarenos de los Siete Dolores. Tras ellos la escolta a caballo de la
Dolorosa. Era el cierre, sólo temporal. El próximo Viernes Santo, la
Virgen de los Dolores regresará a la carrera.
Paso Blanco
Pero no sólo de azules vive el Viernes de Dolores. La primera
procesión es también la primera puesta en escena, la primera prueba para
el resto de cofradías, sobre todo para el Muy Ilustre Cabildo de
Nuestra Señora la Virgen de la Amargura (Paso Blanco) que pone en
carrera parte de los grupos romanos de su cortejo bíblico.
La cofradía blanca dio la sorpresa con un nuevo enganche, la siga de
Valeria Maximila que procesionó detrás de otras dos sigas, la de Licinio
y la de Majencio. La novedad impresionó y recibió el halago de los
espectadores porque no es habitual ver a una auriga dirigiendo un carro
tirado por seis caballos. La de ayer es una de las pocas que lo ha hecho
en los Desfiles lorquinos. Los enganches marcaron el ecuador de la
comitiva blanca que abrió el estandarte del Rosario, la Infantería
Romana y la banda de tambores y cornetas.
Completaban el cortejo Constancio Cloro, Santa Elena y Fausta, la
fanfarria romana, el grupo a pie de mujeres romanas, la cuádriga de
Constantino, el Comités de la Sagrada Dádiva, la banda de mayordomos, la
caballería romana, la bandera y la agrupación musical de la Virgen de
la Amargura que con su «Tres» y su «Guapa, guapa» demostró la hegemonía
musical ante sus seguidores.
No faltaron en la procesión del Viernes de Dolores las tres cofradías
eminentemente religiosas, la Archicofradía del Cristo de la Sangre
(Paso Encarnado), la cofradía del Cristo del Perdón (Paso Morado), y la
Hermandad de la Curia (Paso Negro).
Fuente: La Verdad.
Foto: Paco Alonso AGM
