El alcalde, Francisco Jódar, pregonó la Semana Santa, en un acto multitudinario
que tuvo como escenario la iglesia de San Mateo
«Amigas y amigos, ¡se acerca la Semana Santa! y las calles, las
plazas y los rincones de esta ciudad están ya a punto de experimentar esa
explosión del color blanco y azul, encarnado y morado, negro y esa conjunción
jubilosa de todos los colores que es el Resucitado. Llega el momento de admirar
la majestuosidad del cortejo, de sentir ese estallido de pasión desbordada en
las calles al son de los himnos y al vuelo de pañuelos y banderas. ¡Lorca huele
ya a clavel encendido azul y blanco, morado y encarnado! ¡Lorca huele ya a la
arena en la carrera, a mañana de Viernes Santo, a revoloteo de caballos, a oro y
sedas! Son aromas de primavera, son aromas de Pasión».
plazas y los rincones de esta ciudad están ya a punto de experimentar esa
explosión del color blanco y azul, encarnado y morado, negro y esa conjunción
jubilosa de todos los colores que es el Resucitado. Llega el momento de admirar
la majestuosidad del cortejo, de sentir ese estallido de pasión desbordada en
las calles al son de los himnos y al vuelo de pañuelos y banderas. ¡Lorca huele
ya a clavel encendido azul y blanco, morado y encarnado! ¡Lorca huele ya a la
arena en la carrera, a mañana de Viernes Santo, a revoloteo de caballos, a oro y
sedas! Son aromas de primavera, son aromas de Pasión».
Con esta palabras finalizó anoche su pregón el alcalde, Francisco
Jódar Alonso, en una iglesia de San Mateo repleta de lorquinos de todos los
colores, en la que las banderas de las cofradías ocupaban lugar destacado junto
con la enseña de la ciudad que había accedido al templo a los sones del Himno a
Lorca, interpretado por la Banda Municipal.
Jódar Alonso, en una iglesia de San Mateo repleta de lorquinos de todos los
colores, en la que las banderas de las cofradías ocupaban lugar destacado junto
con la enseña de la ciudad que había accedido al templo a los sones del Himno a
Lorca, interpretado por la Banda Municipal.
El pregonero habló de la Semana Santa desde su corazón de
procesionista, desde sus propias vivencias personales, ya que fue presídente del
Paso Encarnado, cofradía a la que dijo pertenecer «por nacimiento y por
tradición». También, en otro pasaje de su discurso, recordó su condición de
«blanco, y gran parte de mis mejores amigos son azules, y con ellos comparto
todos los años un momento especialmente bello y emotivo: la serenata a la Virgen
de los Dolores».
procesionista, desde sus propias vivencias personales, ya que fue presídente del
Paso Encarnado, cofradía a la que dijo pertenecer «por nacimiento y por
tradición». También, en otro pasaje de su discurso, recordó su condición de
«blanco, y gran parte de mis mejores amigos son azules, y con ellos comparto
todos los años un momento especialmente bello y emotivo: la serenata a la Virgen
de los Dolores».
Rasgos definitorios
Jódar dijo inicialmente «aquí estoy, entrañables ciudadanos de esta
Lorca ancha de cuerpo y alma, esforzados cofrades de los Pasos lorquinos; vengo
a pregonar porque así lo habéis decidido los presidentes de las cofradías, y
porque para cualquier lorquino es un honor aceptar tal encargo».
Lorca ancha de cuerpo y alma, esforzados cofrades de los Pasos lorquinos; vengo
a pregonar porque así lo habéis decidido los presidentes de las cofradías, y
porque para cualquier lorquino es un honor aceptar tal encargo».
Para añadir que «yo vengo hoy, como lorquino apasionado, fronterizo
y exaltado, como procesionista plenamente convencido, a pregonar nuestra
particular manifestación de religiosidad popular, a decir a todos cuantos
quieran oírme que sólo una es llamada Ciudad del Sol y que bajo ese mismo sol,
en primavera, la gente de Lorca sigue siendo capaz de desplegar toda aquella
magnificencia que Salvador Rueda supo sintetizar espléndidamente en los tercetos
finales de su muy conocido poema: /Ángeles, Patriarcas, Dignidades,/
Símbolos y Divinas Majestades,/ pasan entre oleajes de grandeza./ Y asombra
aquel desfile nucna visto,/cual si la fiesta consagrada a Cristo/ ¡fuese el
Juicio Final de la Belleza!».
y exaltado, como procesionista plenamente convencido, a pregonar nuestra
particular manifestación de religiosidad popular, a decir a todos cuantos
quieran oírme que sólo una es llamada Ciudad del Sol y que bajo ese mismo sol,
en primavera, la gente de Lorca sigue siendo capaz de desplegar toda aquella
magnificencia que Salvador Rueda supo sintetizar espléndidamente en los tercetos
finales de su muy conocido poema: /Ángeles, Patriarcas, Dignidades,/
Símbolos y Divinas Majestades,/ pasan entre oleajes de grandeza./ Y asombra
aquel desfile nucna visto,/cual si la fiesta consagrada a Cristo/ ¡fuese el
Juicio Final de la Belleza!».
Para el pregonero, cuatro son los rasgos definitorios de la
tradición sobre la que descansa la Semana Santa lorquina: «Una devoción sincera
y profunda, representaciones bíblicas en uno de los más hermosos espectáculos
sacros españoles, el preciosismo del bordado y la participación entusiasta de un
pueblo».
tradición sobre la que descansa la Semana Santa lorquina: «Una devoción sincera
y profunda, representaciones bíblicas en uno de los más hermosos espectáculos
sacros españoles, el preciosismo del bordado y la participación entusiasta de un
pueblo».
Al desarrollar estos cuatro aspectos, el pregonero hizo historia y
justificó en esa devoción tradicional, el poder entender mejor «los vivas, las
palmas, la emoción en lágrima viva y los requiebros verbales, casi galantes, que
se alzan entre pañuelos a la Virgen de la Soledad, de la Piedad, de los Dolores,
de la Amargrua, de la Encarnación, nuestras Vírgenes, que son tantas y una al
mismo tiempo».
justificó en esa devoción tradicional, el poder entender mejor «los vivas, las
palmas, la emoción en lágrima viva y los requiebros verbales, casi galantes, que
se alzan entre pañuelos a la Virgen de la Soledad, de la Piedad, de los Dolores,
de la Amargrua, de la Encarnación, nuestras Vírgenes, que son tantas y una al
mismo tiempo».
Y añadió que «sólo así es comprensible la piedad telúrica, el
magnetismo emocional inexplicable que siguen provocando las más crudas imágenes
de Cristo inmerso en su Pasión, y que recuerdan de modo preciso la angustia en
el huerto de los olivos, la sumisión del Cristo del Rescate en su prendimiento,
la resignación del Señor de la Penitencia cuando fue azotado y ultrajado, la
agonía de Jesús Nazareno, Cristo del Perdón, camino del Gólgota, el desgarro
final del Crucificado, Cristo de la Sangre, mirando al cielo en su agonía, y la
paz del Cristo Yecente que ha entregado su vida, momento cumbre de la
Redención».
magnetismo emocional inexplicable que siguen provocando las más crudas imágenes
de Cristo inmerso en su Pasión, y que recuerdan de modo preciso la angustia en
el huerto de los olivos, la sumisión del Cristo del Rescate en su prendimiento,
la resignación del Señor de la Penitencia cuando fue azotado y ultrajado, la
agonía de Jesús Nazareno, Cristo del Perdón, camino del Gólgota, el desgarro
final del Crucificado, Cristo de la Sangre, mirando al cielo en su agonía, y la
paz del Cristo Yecente que ha entregado su vida, momento cumbre de la
Redención».
Una Biblia ambulante
Otra de las notas definitorias la resume Jódar «en esa Jerusalén en
que Lorca se convierte como si de una gran tramoya se tratara, esas
representaciones bíblicas que desde hace tantos años son la más atractiva cara
de nuestras procesiones, calificadas por Asensio Sáez como la Biblia ambulante».
Y se detuvo en recordar todo el proceso histórico de desarrollo y
enriquecimiento del cortejo hasta nuestros días.
que Lorca se convierte como si de una gran tramoya se tratara, esas
representaciones bíblicas que desde hace tantos años son la más atractiva cara
de nuestras procesiones, calificadas por Asensio Sáez como la Biblia ambulante».
Y se detuvo en recordar todo el proceso histórico de desarrollo y
enriquecimiento del cortejo hasta nuestros días.
Concluyó el pregonero esta fase de su intervención diciendo que
«podrán hoy los historiadores señalar aciertos y desatinos del pasado;
cualquiera podría invocar la pureza de la tradición y mil y una incomprensiones
y desafueros; se podría traer a colación eso y mucho más, y nada empañaría
mínimamente la belleza formal y el complejo contenido religioso de unas
procesiones hechas aquí a nuestro modo, con excesos, con contrastes, con
pasiones inconcebibles que se traducen en gestos, expresiones y actos insólitos
aprendidos de nuestros mayores».
«podrán hoy los historiadores señalar aciertos y desatinos del pasado;
cualquiera podría invocar la pureza de la tradición y mil y una incomprensiones
y desafueros; se podría traer a colación eso y mucho más, y nada empañaría
mínimamente la belleza formal y el complejo contenido religioso de unas
procesiones hechas aquí a nuestro modo, con excesos, con contrastes, con
pasiones inconcebibles que se traducen en gestos, expresiones y actos insólitos
aprendidos de nuestros mayores».
El pregonero entró después en lo que considera el tercer rasgo
definitorio, el bordado. «Si dos Pasos ha habido siempre en lo tocante a
rivalidad, también para siempre quedaron fijados los nombres de de Cayuela y
Felices, como dos portentos azul y blanco, respectivamente, dos personas con las
que Lorca aún mantiene una deuda de reconocimiento».
definitorio, el bordado. «Si dos Pasos ha habido siempre en lo tocante a
rivalidad, también para siempre quedaron fijados los nombres de de Cayuela y
Felices, como dos portentos azul y blanco, respectivamente, dos personas con las
que Lorca aún mantiene una deuda de reconocimiento».
Ellos, añadió Jódar, «dirigieron acertadamente las manos de unas
bordadoras lorquinas a las que un monumento agradece tanta entrega. El bordado
lorquino es gracias a ellas una marca de calidad, una denominación de origen por
la que hay que trabajar en serio potenciando su aprecio fuera y dentro de
nuestra ciudad. Sé que es esta una tarea pendiente y una demanda que hay que
afrontar con urgencia».
bordadoras lorquinas a las que un monumento agradece tanta entrega. El bordado
lorquino es gracias a ellas una marca de calidad, una denominación de origen por
la que hay que trabajar en serio potenciando su aprecio fuera y dentro de
nuestra ciudad. Sé que es esta una tarea pendiente y una demanda que hay que
afrontar con urgencia».
Entusiasmo popular
El pregonero completó su visión del marco de esencias de las
procesiones lorquinas con lo que denominó «participación entusiasta de un
pueblo. Sin esa movilizació colectiva nada de esto sería lo que es». Para añadir
que «para nuestra Semana Santa cada aportación personal es imprescindible, y las
hay de todas clases. Hay mayordomos que prevén y cuidan cada aspecto del
desfile; hay figurantes en carrozas, carros, a caballo y a pie; hay intérpretes
de música cofrade que soportan fríos invernales en los ensayos para llenar con
sus sones las tardes encendidas de esa Pasión diferente; hay quienes saben poner
flores en los tronos, maquillar, vestir y peinar a cada personaje; otros conocen
a dónde acudir para encontrar los caballos necesarios; los hay que reparan
atalajes y arreos, o que limpian y cuidan atrezzo y carros y carrozas; dan
puntadas otros a última hora, o componen apresuradamente capetas, faldones y
petos…».
procesiones lorquinas con lo que denominó «participación entusiasta de un
pueblo. Sin esa movilizació colectiva nada de esto sería lo que es». Para añadir
que «para nuestra Semana Santa cada aportación personal es imprescindible, y las
hay de todas clases. Hay mayordomos que prevén y cuidan cada aspecto del
desfile; hay figurantes en carrozas, carros, a caballo y a pie; hay intérpretes
de música cofrade que soportan fríos invernales en los ensayos para llenar con
sus sones las tardes encendidas de esa Pasión diferente; hay quienes saben poner
flores en los tronos, maquillar, vestir y peinar a cada personaje; otros conocen
a dónde acudir para encontrar los caballos necesarios; los hay que reparan
atalajes y arreos, o que limpian y cuidan atrezzo y carros y carrozas; dan
puntadas otros a última hora, o componen apresuradamente capetas, faldones y
petos…».
La parte final de su pregón la dedicó Francisco Jódar a reflejar
algunas de las vivencias personales que ha experimentado en torno a las
procesiones lorquinas. «Los lorquinos tenemos esa querencia especial y desmedida
por nuestras procesiones y no nos produce empacho decirlo allí donde haya
ocasión».
algunas de las vivencias personales que ha experimentado en torno a las
procesiones lorquinas. «Los lorquinos tenemos esa querencia especial y desmedida
por nuestras procesiones y no nos produce empacho decirlo allí donde haya
ocasión».
«Me encanta ver o participar en todas y cada una de nuestras
procesiones, soy costalero del Cristo de la Sangre, Hermano de la Penitencia, he
puesto mi hombro debajo de la Soledad de la Curia y no falto el Viernes Santo a
la subida al Calvario y gozar de la bellísima procesión del Resucitado»,
concluyó.
procesiones, soy costalero del Cristo de la Sangre, Hermano de la Penitencia, he
puesto mi hombro debajo de la Soledad de la Curia y no falto el Viernes Santo a
la subida al Calvario y gozar de la bellísima procesión del Resucitado»,
concluyó.
Fuente: La Verdad. A.S. LORCA
