Miles de lorquinos arropan al Resucitado en el último desfile de la semana santa de Lorca

El fuerte viento no pudo con la Resurrección. Las rachas que desde primera hora sorprendieron a la ciudad del sol deslucieron la procesión del Resucitado por el casco antiguo, aunque sólo en los primeros momentos porque después, tanto el público como los cofrades. fueron olvidándose de su inesperada presencia. Los que peor lo pasaron fueron los portaestandartes, que más de una vez tuvieron que ser ayudados por los mayordomos para evitar que los estandartes se cayeran al suelo.

La Plaza de España volvió a ser un año más punto de encuentro de los lorquinos para participar en la fiesta de la resurrección de Jesús con la que se pone fin a la Semana Santa lorquina. Pasadas las once y media de la mañana, la imagen del Resucitado hacía su aparición por el umbral de la puerta de la Colegiata de San Patricio. Era el instante en el que por megafonía sonaba el Aleluya, y desde los balcones se lanzaban estampitas en las que se podía leer el mensaje de esta festividad: «Yo soy la resurrección y la vida, ¿Jesús ha resucitado! No está aquí. Ha resucitado. Cristo es nuestra Pascua. La vida ha vencido».

Encuentro en la plaza

Instantes después, tenía lugar en la Plaza de España el momento en el que la imagen de Jesús Resucitado se encuentra en el centro de la plaza con la Virgen de la Encarnación. Era el inicio de la procesión del Domingo de Resurrección, que recorrió las calles Selgas, Fernando El Santo, Alfonso X El Sabio, Corredera y Álamo para regresar a la Colegiata, donde posteriormente se celebro una eucaristía.

Escoltada por la banda de mujeres del Paso Encarnado, la Virgen de la Encarnación, obra de Jerique Chus en 1942, estuvo acompañada por medio centenar de mujeres ataviadas con la tradicional mantilla española, pero de color blanco en señal de alegría por la Resurrección. Mujeres que desafiaron el viento para participar en la emotiva procesión.

Tras la Virgen, aparecía la talla de Jesús Resucitado, obra del imaginero Roque López en 1800. Portado a hombros por portapasos anuncia su Resurrección a los lorquinos, que aplauden el triunfo de la vida sobre la muerte. El Palero, como es conocido popularmente, está en la calle. Le preceden doce agentes de la Policía Local con túnicas de la Archicofradía de Jesús Resucitado.

Tras el trono, el párroco Antonio González Soto, penitentes y representantes de los colectivos sociales y económicos de la ciudad, así como los presidentes de las cofradías de Semana Santa y algunos de los miembros de la Corporación municipal.

Fuente: LaVerdad.es / T. M. M. / SONIA M. LARIO / AGM